febrero 15, 2012

Fuera de juego

Imagen: Jorque Quiñoa

Normalmente el intelectual debe justificarse ante según qué debilidades que practica. Por eso, cuando un escritor -o algún personaje relacionado con la cultura- habla de fútbol, los que no son aficionados del deporte rey quedan decepcionados y los que compartimos esa misma dualidad quedamos satisfechos. Cada vez más, con la figura de escritores como Sergi Pàmies, Javier Marías (del que hablé a propósito de su artículo en El País) o Enrique Vila-Matas (que aparece entrevistado en el último número de Panenka), el lado oscuro de muchos escritores queda al descubierto con cierto orgullo. Sin embargo, todavía hay un largo camino por recorrer (de la misma manera que el papel de la mujer como comentarista, reportera o periodista deportiva está dándose poco a poco). El fuera de juego del fútbol -quiero decir literalmente, lo que hay fuera del terreno de juego- cada vez más pertenece a diferentes mundos. Ya no sólo hablan de fútbol los futbolistas o los entendidos, sino que la palabra y la pelota son los diferentes vehículos que se utilizan para este deporte de masas. Aun así, uno tiene la sensación de que si pertenece al mundo de los artistas, debe pedir permiso y disculpas para hablar y apasionarse con el fútbol. Por eso quedamos reconciliados con artículos como el de Rubén Uría o Paula Corroto, o con libros como "Quan no perdíem mai", en el que escriben relatos escritores como Juan Bonilla, Juan Cruz, Pedro Zarraluqui o Juan Villoro.
Toda esta explicación, incluida la cita de la entrada anterior de Dante Panzeni, es para darle el peso, el valor y la importancia que tiene un magazine cultural como Jot Down, en el que música, literatura, deportes, televisión y cine tienen cabida de una manera equitativa. Cuando Dante Panzeni empieza diciendo que «asociar fútbol a las letras y las artes puede ser irrespetuoso», está obedeciendo a esa ley estúpida de la que hablaba al principio: el fútbol es para los futbolistas o para los que laboralmente están sujetos al deporte. En Jot Down, que se definen como culturales, conviven fútbol, boxeo, tenis y otros deportes más minoritarios como ajedrez o alpinismo, con literatura, política, opinión y actualidad. Fiables y amplios como un periódico digital, pero con el mimo y el cuidado de una revista online o un magazine moderno y acorde con las necesidades de sus lectores, Jot Down ofrece un abanico enorme de temas interesantes que, además, están escritos con elegancia y criterio. La combinación sólo puede traer buenos resultados.
Así, he caído en sus entrevistas una y otra vez, que son largas y sorprendentes, y que me mantienen expectante incluso cuando el entrevistado no era, a priori, digno de mi atención. No es el caso de Jordi Évole, que ya conscientemente he ido a buscar: si la política de Salvados se une a la política de Jot Down, el resultado no podía ser malo. En la primera parte de la entrevista, el tema gira en torno a su papel follonerístico de su programa en LaSexta. Hay política, humor y crítica social. Pero hay otra vertiente de Jordi Évole que me interesa, y es su admiración -como culer- al FCBarcelona. No sólo me divierte cuando escribe columnas en MundoDeportivo, sino que tiene una visión pasional de unos colores que comparto. Por tanto, de la misma manera que vi con atención el programa que le dedicó a la Fundación Qatar, he leído las preguntas que Ricardo J. G. le hace sobre fútbol y lo que hay en el fuera de juego.
Reconocido abiertamente por él y por muchos, el mundo del fútbol necesita una figura como la de Mourinho para que la prensa más rosa y deportiva se nutra de sus provocaciones, para la diversión. Pero Jordi Évole, a pesar de su lado Follonero, dice algo que me parece importante y que da espaldazo a las mourinhadas. Hablando de la contraposición que le hace Josep Guardiola a Mou en cuanto a maneras -futbolísticas y personales-, se comenta que, de un tiempo a esta parte, la modestia, el respeto y la bondad de Pep está siendo criticada. La sociedad está tan acostumbrada a lo burdo, y lo mediático suele ser tan repugnante, que ahora nos cuesta asumir que las buenas formas del entrenador del Barça sean tan universales y válidas como las de cualquier bufón. Pero hay algo que todo el mundo pasa por alto cuando acusa a Guardiola de falsa modestia y que Jordi Évole ha razonado inteligentemente: si es falsa modestia, ¿qué? Dice, y yo también lo digo, que prefiere ese mear colonia de Pep que la acritud de Mou. «No tengo claro que sea falsa modestia. Yo creo que puede que Guardiola sea así. Y si está haciendo un personaje —aunque ya digo que no lo creo— bienvenido sea ese personaje. Sobre todo porque el fútbol es algo que llega muy fácilmente a los críos; yo tengo un chaval de cinco años y reconoce perfectamente a Guardiola, a Messi o a Puyol, y hay que tener cuidado con los referentes que puedan tener». Es una cuestión de prioridades, pues. Muchos son los que justifican a Mourinho diciendo que lo suyo es un papel. En el caso -poco probable, por otra parte- de que la figura de Pep Guardiola también fuera un papel, una exageración y puro teatro mediático, ¿qué problema habría, no sería lícito?

febrero 14, 2012

Dinámica de lo impensado


Asociar el fútbol a las letras y las artes puede parecer irrespetuoso, pero, operando siempre sobre el supuesto de que fútbol y deporte son integrantes del hombre lúdico que juega cuando cultiva su intelecto en aquello que le divierte, la asociación de fútbol y humanismo intelectual no parece tan disparatada.


DANTE PANZERI

febrero 05, 2012

La importancia del plural


Javier Marías no es el primer ni el último madridista que neutraliza su forofismo, pasión y afición al fútbol y a su equipo. Hace ya algún tiempo que muchos seguidores del Real Madrid eran capaces de valorar positivamente el juego del Barça (sobre todo cuando éste vestía La Roja) pero todavía conservaban intacta la admiración a su equipo. Hace menos que los madridistas, además de reconocer la superioridad del FCBarcelona (ya no sólo sobre ellos, sino sobre el resto de equipos) renuncian a lo que representan ahora sus colores. Renuncian, al menos, momentáneamente, hasta que Mourinho deje de ser el entrenador, Florentino un presidente a la disposición de éste y Cristiano Ronaldo la imagen que más países recorre con su escudo. Javier Marías (escritor) habla en El País de cómo M. y F. le han quitado del fútbol, de cómo su pareja y él ya no están tensos en los clásicos (ella, barcelonesa y culer), de cómo ya no se concentra.
De todo el artículo, que me parece objetivo, crítico y serio, hay una parte que es esencial para entender el deterioramiento de los últimos tiempos del madridismo. Mourinho, lo habrán notado, habla sólo en primera persona de singular. Dice Javier Marías, y tiene razón, que a Mourinho lo único que le importa es su palmarés y los equipos son meros soportes suyos. Recuerdo que mi entrenador de natación siempre daba las instrucciones en plural, y a mí los primeros días me sorprendía y hasta me causaba bastante gracia. "Haremos diez series de cien", decía. Y a mí, cuando estaba exhausta después de hora y media de entreno, me parecía una broma de mal gusto. Sin embargo, era importante hacerlo así. El entrenador formaba parte de cada una de mis brazadas, y sin su visión objetiva, crítica y seria sobre el trabajo que yo hacía en el agua, no avanzaría. Además de ser muy sacrificado, el deporte de la natación es individual, nada que ver con la colectividad de un equipo de fútbol. Bien, pues Mourinho habla en singular en todas sus comparecencias, y al único que defiende de los ataques de la prensa es a sí mismo.
Hay muchas cosas que diferencian al FCBarcelona del resto de equipos, pero una está por encima de todas y es origen de las demás: que todos son culers. Así, de la misma manera que nosotros desde casa comentamos las jugadas, los resultados y los momentos débiles en plural; Guardiola también lo hace, Xavi también lo hace, Puyol también lo hace, Tello también lo hace, Valdés también lo hace, Tito también lo hace. Si mañana cualquiera de ellos juega o entrena cualquier otro equipo, seguirán siendo culers, seguirán hablando en plural cuando vean los partidos del Barça, seguirán pidiendo la hora cuando vayamos apurados (como ayer), seguirán saltando de sus banquillos/sillas/sofás cuando Messi se acerque al área. Seguirán mimando a sus jugadores desde la grada cuando fallen y no estén tan finos como nos acostumbran (como ayer). Seguirán siendo socios, seguidores, sang blaugrana. Hablarán de su equipo y besarán su escudo cada vez que tengan oportunidad.
Ser del Barça significa ser una familia, y el hogar es La Masia. Por eso cuando vemos a Guardiola gritando y celebrando el gol de Puyol contra el València el otro día, todos asentimos. Por eso cuando vemos jugar a los pequeños, soñamos. No hay tanta diferencia entre lo que sienten desde dentro del equipo y lo que nosotros sentimos. Por eso nos representan, porque son gent del Barça y uno tiene la seguridad de que buscan lo mismo que nosotros. Tenemos la confianza en ellos porque no hace tanto estaban del otro lado, de nuestro lado.
Muchos equipos pequeños comparten con nosotros este sentimiento. No importa que pierdan, que estén en zona de peligro, que se jueguen en cada partido permanecer en Primera División. No importa el frío ni el calor. Son seguidores, son amantes de sus colores. Hablan en plural. No tienen un distinto padre para la derrota y la victoria, siempre es un nosotros. El FCBarcelona mantiene ese espíritu, y además es un gran equipo de fútbol. La combinación es difícil, pero como no depende sólo de unos cuantos, sino de todos, funciona.

febrero 01, 2012

Maggie: literaria y futbolera

Desde la editorial Alpha Decay nos han pedido que saquemos a pasear a Maggie, que parece que estaba algo aislada y triste en su jardín. Gracias a Sergi Bellver, Maggie nos demuestra que, si vistes la camiseta del Real Madrid, acabas pisando lo que no debes... aunque, como Pepe, seas una niñita agradable y encantadora. Todos podéis ver cómo adelanta su pie izquierdo: no hase falta que dises nada más.

enero 27, 2012

Entrefútbol: jugada, falta, jugada


Hay dos cosas que me parecen intolerables de los últimos dos clásicos. La primera, a la que voy a dedicar un par de líneas porque no merece mayor atención, es que al final ha quedado la sensación de que el Real Madrid ha sido eliminado por el arbitraje y no porque en el partido de ida hizo un planteamiento lamentable, cobarde y defensivo, algo sorprendente tratándose de una eliminatoria que empieza en tu campo. Las eliminatorias son, para quien lo haya olvidado, dos partidos: si te arriesgas en el primero, estás vendido en el segundo. La segunda, la agresividad en el campo. Que en el terreno de juego se cometen faltas nadie va a ponerlo ni en duda ni en tela de jucio: algunas están incluso permitidas socialmente (por árbitros, entrenadores, jugadores y afición). Un jugador que arranca veloz en un contraataque desde su campo es más que probable que, si el rival no está en su posición defensiva, reciba una falta en el medio del campo y se corte el juego. El problema no es esa falta, antideportiva si se quiere, sino cómo la hagas. Existe un peligro con la permisividad por parte de los árbitros y en general el mundo del deporte: estamos tan acostumbrados a la agresividad que si Coentrão se cuelga de la camiseta de Messi durante tres zancadas del blaugrana, respiramos tranquilos. «Por lo menos no hay agresió». Las cosas, cuando se trata del Real Madrid, están así. Bueno, está bien, es un equipo fuerte y hay que pararle los pies: limpiamente o no. Bueno, está bien, algo habrá que hacer con este Barça. El error es de base: si tu entrenador te adiestra para ser duro y frenar a tus contrincantes con placajes, patadas y tirones, al final acabas por no reconocer qué es pitable y qué no. Las faltas están permitidas en el terreno de juego y por eso hay algunas que ofrecen la ley de la ventaja, porque son salvables; por eso las hay pitadas pero sin mayores consecuencias. Y por eso cuando una falta no es ni del primer grado ni del segundo, existen las tarjetas: una amarilla y una roja (amarilla+amarilla). Toda esta explicación parece absurda, pero no lo es, puesto que la presión a la que está sometido un árbitro de Primera División cuando está ante un clásico le impide actuar de forma natural y obedecer estas reglas tan básicas. En el partido del miércoles, Teixeira sacó más tarjetas por protestar que por cometer agresiones en el terreno de juego.
Veamos, pongámonos en situación: Lass tiene una tarjeta amarilla y le hace una falta durísima a Messi cerca del área. Si cambiamos a Lass por un jugador del Almería y a Messi por un jugador del Málaga, la primera parte habría acabado con un jugador menos por parte del primer equipo. Teixeira no puede por dos motivos: todas las quejas que se han hecho desde banquillo y prensa a las varias veces que el Real Madrid se ha quedado con un jugador menos. No puede porque, y todavía no lo sabe, cuando salga estará Mourinho en el párking esperándole para decirle cómo tiene que hacer su trabajo. De la misma manera que él le dijo a Ramos que no jugara a ser entrenador, un entrenador no puede jugar a ser árbitro. No debería. Y no se lo tendríamos que permitir desde ningún ámbito del deporte. Pero Teixeira recibe presión y se equivoca. Se equivoca para con el FCBarcelona, se equivoca para con el Real Madrid. Sabe que tiene las espaldas cubiertas por una parte porque Guardiola, esté de acuerdo o no, evita las polémicas con el arbitraje. En cambio, la presión y la tensión se podrá cortar con un cuchillo en el banquillo blanco. Un árbitro no puede pitar según las reglas establecidas en el fútbol, sino según las reglas establecidas en lo que rodea al fútbol.
Acabo de ver este vídeo de LaVanguardia, que ya titulan con una provocación: "El fútbol femenino también tiene a su Pepe". Si entráis en él, veréis que Elizabeth Lambert Wedding es todavías más dura que Pepe y Lass juntos, y más desvergonzada (y parecía imposible viendo a Pepe tirarse en su área entre Piqué y Puyol... ¿sabrá que pudimos comprobar todas sus travesuras del primer partido con una cámara hiperlenta y que, por tanto, lo íbamos a hacer de nuevo?). Desconozco la liga del fútbol mexicano femenino, lo que sí está claro es que un árbitro no puede permitir que en el terreno de juego se cometan tales agresiones. Un árbitro debería poder hacer su trabajo sin temor al qué dirán después, sin la presión de que un partido se decida según sus decisiones. Es así en muchos casos, pero un árbitro no puede cargar con ese peso los noventa minutos (que se alargan hasta la siguiente polémica). Si el Real Madrid hubiera hecho su trabajo en el partido de ida, no se habría visto obligado a buscar una coartada para el partido de vuelta. Sin embargo, es así: Teixeira, se dice, no podrá arbitrar más al Real Madrid hasta junio. ¿Podrá este árbitro hacer su trabajo de una manera objetiva la próxima vez que se encuentre con un partido como el del otro día? ¿Podemos permitir que tengan las mismas tarjetas amarillas Íker Casillas, Messi y Pepe? Un portero quejica, un delantero que se dedica a jugar y un defensa cuya mayor estrategia es intentar que el árbitro no le adivine las intenciones (intentó pisar a Dani Alves, con menos éxito). Yo creo que no.
Igual que el escritor deja en las entrelíneas señales y migas para que el lector le vaya siguiendo por un camino desconocido, una puertezuela secreta e íntima, en el fútbol que se juega en los Barça-Madrid acaba existiendo el entrefútbol: disputas, balones parados, jugadas sucias, polémicas, tensiones, faltas, protestas. Dejando que Pepe juegue el segundo partido porque a Messi no le han amputado los dedos y permitiendo que esté hasta casi el final del partido sin recibir ninguna tarjeta, dejando que Lass se quede en el terreno de juego después de una entrada como la que hizo y no constando en acta actitudes como las de Íker Casillas en el túnel de vestuarios, permitimos que esta jugadora sea noticia. ¿Es que alguien sabe cómo quedaron en el partido del New Mexico Lobos que aparece en el vídeo?

enero 22, 2012

Conversaciones sobre el futuro



Josep Guardiola y Fernando Trueba no han inventado nada cuando aseguran que ser director de cine o entrenador de fútbol es, también, tener maneras de manipulador positivo y psicólogo. Comentan en "Conversaciones sobre el futuro" que es el punto en común más claro entre las dos profesiones: ejercer de líder, sacar lo mejor de cada uno, explicar las cosas tal como uno las quiere para que no haya equívocos, para que todo ocurra según lo previsto. Para que las cosas salgan como las han proyectado en sus mentes no basta con ser perfeccionista: necesitan lo que siempre se ha entendido como don de gentes. Cada jugador y cada actor son diferentes, e insisten mucho en este punto. Cada uno es distinto, y por eso hay que tratar a cada uno de ellos acorde a sus necesidades, a sus virtudes, también a sus defectos. "Todos sois iguales para mí". No, no todos lo son y además no todos tienen que serlo, sin que eso sea negativo para el grupo. No significa que uno sea más o menos, sólo significa que hay que tratar a tus jugadores o actores teniendo en cuenta el perfil de cada uno. Los habrá que no soporten la presión, los habrá que sólo funcionen bajo sus efectos; los habrá que se motiven si les dices sus errores delante del grupo, los habrá que eso les mine la moral; los habrá que con una palmadita en la espalda baste, los habrá que una palmadita en la espalda les ofenda. Los habrá que necesitan una verdad a medias, y los habrá que con una mentira piadosa se vengan arriba. En cualquier caso, no han inventado nada y este aspecto no es sólo aplicable a los entrenadores de fútbol o a los directores de cine. La convivencia es caprichosa y perfecta en su forma como el mecanismo de un reloj: si falla una pieza, no se puede dar. Si además esta convivencia viene dada por una superioridad, porque tú eres el que manda y ellos te ven, en la pirámide, un escalón por encima, las buenas maneras y la generosidad deben estar todavía más latentes y presentes: fijas. De la misma manera que tratarías a tus hijos con el mismo afecto y respecto, pero conocedor de sus puntos débiles; cuando eres el líder de un grupo de jugadores, actores, de personas, tu papel es vital para que nadie se quede atrás, para que nadie se adelante: ni siquera tú, aunque estés por encima en la escala de poder.
Entonces, hay que encontrar en cada uno de ellos cuál es la manera. A unos -comenta Guardiola- habrá que invitarles fuera de las instalaciones de trabajo, a otro habrá que preguntarle sobre su tiempo libre, a otro no le podrás hablar de táctica ni del adversario. En fin, ser plenamente consciente de que además de jugadores de fútbol y actores de la gran o pequeña pantalla, traen a cuestas sus propias vidas insignificantes, tan parecidas -salvando distancias- a las nuestras. Y, como tal, para triunfar con un grupo de gente, sólo hay una manera: no todos son iguales, no todos tienen que ser iguales. Para conocerlos a todos y adecuar tus formas, tus estrategias de pequeño psicólogo, de descifra-rostros y de manipulador bonachón, tienes antes que tomarte la molestia de convivir con ellos, de prestar atención, de tratar emocionalmente todas esas carencias o excesos. Para eso necesitas algo más que saber cómo organizar un terreno de juego, contratar al mejor actor o tener el bolsillo dispuesto para lo que pidan las estrellas de cualquiera de los dos campos. Hace falta una intención.
Bojan, Ibrahimovic, Eto'o. Todos ellos no han contado con la misma amistad con Guardiola que Xavi, Messi o Puyol. Sin embargo, ante la prensa, en la Ciutat Esportiva y en los grandes momentos donde hay que demostrar el señorío, Pep ha sabido capotear con elegancia las críticas, la desestabilización mediática y los conflictos deportivos. En petit comité ya no sabemos qué pasa, aunque podemos intuir que, ante todo, habrá respeto. Guardiola no es un santo, no es perfecto ni tiene en su posesión la verdad absoluta, pero tiene otras tantas virtudes que hacen que la afición y su equipo de trabajo le admiren, y, lo más importante, se sientan orgullosos de él. Es muy fácil confiar en Guardiola. Muy fácil. A veces incluso uno necesita momentos como el puto amo para humanizarlo, necesita los golpes contra el banquillo, sus lágrimas en las celebraciones. Guardiola es como tú o como yo. Aun así, cuando se trata de defender a los suyos -porque atacarlos no entra jamás en sus planes-, se vuelve poderoso y nos deja ver ese lado menos profesional, más instintivo y animal: su imperfección salta todas las alarmas cuando uno de los suyos está en el punto de mira.
Messi ha tenido partidos en que ha pasado totalmente desapercibido. Villa ha tenido épocas en que parecía no adaptarse del todo a la forma de juego blaugrana. Xavi e Iniesta, que parecen de otro mundo por su habilidad y la regularidad con que nos ofrecen su buen hacer, también han tenido partidos más desafortunados. Aunque podemos presumir de defensa y portería, también hay errores salvables. Hemos perdido contra el Getafe, empatado contra el Osasuna, sufrido contra el Betis y el Espanyol (equipos supuestamente inferiores). Hemos empezado perdiendo en los clásicos. Y Guardiola no sólo no ha vendido a sus jugadores en la rueda de prensa, sino que ha sabido cómo alzar las virtudes y el mérito de sus contrincantes, ha defendido a los suyos y ha reconocido errores, comprometiéndose a solucionarlos. A veces incluso un poco demasiado modesto, Guardiola se ha reservado su opinión sobre algunas decisiones desaforables en el arbitraje. Ésta es la manera que ha encontrado el entrenador del Barça para comunicarse con los demás; de estar por encima, grande, y quedar a la altura de los demás, pequeño; de no dar una nota por encima de otra ni desafinar. De tener a su directiva, su equipo de apoyo, sus jugadores, su club y su afición, contentos. De representar unos colores y un sentimiento de una manera magistral, admirable. A juzgar por los resultados, funciona.
Hoy el madridismo se raja. Marca -al que sus propios lectores quieren boicotear- saca en portada una conversación entre Mourinho y Sergio Ramos, con Casillas de fondo; y todo parece apuntar a que en este equipo sí se tratan a todos igual, con el mismo rasero, sin adecuar las formas a las necesidades de los demás. El problema es que son todos iguales, y que además sólo pueden ser iguales en la rabia y la impotencia que les supone haber perdido contra el Barça una vez más, con un planteamiento cobarde. Mourinho no defiende a los suyos por encima de sí mismo. Habla de los padres de la victoria y del único padre de la derrota. La paternidad del mal ambiente que hay entre él y los suyos, sin duda, le pertenece. Hoy parece que los madridistas empiezan a despertar del sueño blando y dejan de justificar lo injustificable, dejan de dar coba a las excusas que su entrenador les brinda (es cierto, hay que ejercer de manipulador y psicólogo). Cuando vendes a uno de tus jugadores para justificar una derrota, no es en vano (entonces ni el arbitraje ni la suerte estarán de tu parte y serán una coartada amable). La crispación ha llegado hasta los medios de comunicación que le respaldan normalmente, hasta sus jugadores, hasta su afición. La directiva todavía le cubre, porque todavía confía en que desbanque a su gran rival. La soberbia y la agresividad con que trata Mourinho a los periodistas de las ruedas de prensa se parecen mucho a la que emplea para sus jugadores. Obedece a las reglas mismas que el FCBarcelona, pero totalmente opuestas (todos son iguales y todos deben ser tratados de la misma manera: mal). Y a juzgar por los resultados, no funciona.

enero 20, 2012

Joga bonito, o joga solamente

Leo Messi y Eric Abidal

Si pudiéramos exponer a la
luz
las miserias de las personas,
los errores,
las torpezas,
los crímenes,
nos encontraríamos
con la
penuria más absoluta,
la verdadera indignidad


DAVID TRUEBA

Cuando un jugador de tu plantilla comete un error (en este caso, una falta de respeto, una agresión y una demostración de poca profesionalidad), puedes hacer dos cosas: castigarle, para que no vuelva a hacerlo, o cubrirlo, para limpiar una imagen que tiene unas huellas ya imborrables, de ladronzuelo primerizo y torpe. En el caso de que hagas lo primero, bastará con una disculpa pública por parte del equipo y del jugador, y una rueda de prensa que justifique, mejor o peor, la acción. Cuando digo justificar no digo excusar. Me refiero a buscar los motivos por los que se ha cometido dicha acción, reflexionar acerca de ello y concienciarse de que ése no es el camino, por más que el dedo de Mourinho lo vaya marcando con poco acierto. Claro que si desde arriba la justicia es la ley del más fuerte, del que grita más alto y del que pisa, nunca mejor dicho, más fuerte, entonces sólo te queda volver a ridiculizar el escudo que paseas y te da de comer.
Cuando un jugador como Pepe, que ya fue sancionado por un acto violento, comete la imprudencia de pisar la mano de Messi con total voluntad (lo bueno de las cámaras hiperlentas es que te dejan ver cómo tantea con la bota y con intuición se deja caer hasta dos veces, calculando, hasta que acierta), sólo puedes pedirle que se disculpe ante Messi, ambas aficiones y el fútbol. Claro que detrás del niño malo de la clase está Guti jugando a ser twittero, enfrentándose a Rooney (que, como es normal, denunciaba en su cuenta la acción de Pepe) y diciendo que "Santos hay muchos, pero en el cielo"; está también su compañero Carvalho, que tampoco es que tenga un comportamiento ejemplar, que asegura en una rueda de prensa que "la intención de Pepe es jugar limpio"; está la voz de la junta del Real Madrid, que afirma de la mano de Butragueño que "lo de Pepe no es lo ideal, pero puede pasar", dándole carta blanca para futuras polémicas; en última instancia, están los aficionados irresponsables que no sólo justifican, sino que se vanaglorian de su jugador. Entonces, cuando le toca el turno a Pepe: qué puede hacer. Podría renunciar a las defensas de sus compañeros y decir que su actitud ha sido lamentable, grotesca y obscena. ¿Pero de qué le sirve venderlos, venderse a sí mismo y reconocer que pisó a Messi intencionadamente, que provocó la salida del balón en una jugada de ataque del FCBarcelona por una agresión en la cara que no fue tal y que en el terreno de juego es duro e injusto? Pepe asegura que "si Messi se siente ofendido, me disculpo. Ha sido un acto involuntario". Por otra parte, no basta con mentir; también, como los compañeros que han hablado antes que él, debe maquillar la acción. Y lo hace diciendo que lo único que pretende es "defender a mi equipo y a mi afición. Me entrego en cuerpo y alma, jamás se me pasa por la cabeza hacer daño a un compañero".
Me imagino que el club ya tendrá asesores de imagen y personas de confianza para recomendarles qué es lo mejor en cada caso, y supongo que el hecho de que todos le cubran la trastada forma parte de un despliegue supuestamente bondadoso del madridismo para no reconocer lo más importante: que se han equivocado individual y colectivamente. Le hacen un flaco favor al deporte en general y al joga bonito que nos cuelan los anuncios publicitarios (y si no lo haces bonito, joga al menos). No creo que el equipo ni la afición del Real Madrid vendan a un precio tan alto su imagen y sus colores, y supongo que esta manera de entregarse en cuerpo y alma de Pepe no le sirve absolutamente a nadie. Ni siquiera en los medios que suelen esconder la suciedad debajo de las alfombras madridistas le apoyan esta vez. El mundo del fútbol está harto de Pepe y de los que son como Pepe, pero el mundo del fútbol no tiene el mismo poder de convicción que el bolsillo que supone este espectáculo.
De todos modos, Pepe es ahora el malo de la película y eso ha provocado dos victorias que saben a mediocridad: que la acción de Conentrão no sea comentada y que la superioridad del Barça pase a un segundo plano. Pero a Messi, que es a quien le ha tocado recibir más dura y gratuitamente esta vez, siempre le queda la paciencia, la justicia futbolística... y un buen abrazo de Abidal.