enero 27, 2012

Entrefútbol: jugada, falta, jugada


Hay dos cosas que me parecen intolerables de los últimos dos clásicos. La primera, a la que voy a dedicar un par de líneas porque no merece mayor atención, es que al final ha quedado la sensación de que el Real Madrid ha sido eliminado por el arbitraje y no porque en el partido de ida hizo un planteamiento lamentable, cobarde y defensivo, algo sorprendente tratándose de una eliminatoria que empieza en tu campo. Las eliminatorias son, para quien lo haya olvidado, dos partidos: si te arriesgas en el primero, estás vendido en el segundo. La segunda, la agresividad en el campo. Que en el terreno de juego se cometen faltas nadie va a ponerlo ni en duda ni en tela de jucio: algunas están incluso permitidas socialmente (por árbitros, entrenadores, jugadores y afición). Un jugador que arranca veloz en un contraataque desde su campo es más que probable que, si el rival no está en su posición defensiva, reciba una falta en el medio del campo y se corte el juego. El problema no es esa falta, antideportiva si se quiere, sino cómo la hagas. Existe un peligro con la permisividad por parte de los árbitros y en general el mundo del deporte: estamos tan acostumbrados a la agresividad que si Coentrão se cuelga de la camiseta de Messi durante tres zancadas del blaugrana, respiramos tranquilos. «Por lo menos no hay agresió». Las cosas, cuando se trata del Real Madrid, están así. Bueno, está bien, es un equipo fuerte y hay que pararle los pies: limpiamente o no. Bueno, está bien, algo habrá que hacer con este Barça. El error es de base: si tu entrenador te adiestra para ser duro y frenar a tus contrincantes con placajes, patadas y tirones, al final acabas por no reconocer qué es pitable y qué no. Las faltas están permitidas en el terreno de juego y por eso hay algunas que ofrecen la ley de la ventaja, porque son salvables; por eso las hay pitadas pero sin mayores consecuencias. Y por eso cuando una falta no es ni del primer grado ni del segundo, existen las tarjetas: una amarilla y una roja (amarilla+amarilla). Toda esta explicación parece absurda, pero no lo es, puesto que la presión a la que está sometido un árbitro de Primera División cuando está ante un clásico le impide actuar de forma natural y obedecer estas reglas tan básicas. En el partido del miércoles, Teixeira sacó más tarjetas por protestar que por cometer agresiones en el terreno de juego.
Veamos, pongámonos en situación: Lass tiene una tarjeta amarilla y le hace una falta durísima a Messi cerca del área. Si cambiamos a Lass por un jugador del Almería y a Messi por un jugador del Málaga, la primera parte habría acabado con un jugador menos por parte del primer equipo. Teixeira no puede por dos motivos: todas las quejas que se han hecho desde banquillo y prensa a las varias veces que el Real Madrid se ha quedado con un jugador menos. No puede porque, y todavía no lo sabe, cuando salga estará Mourinho en el párking esperándole para decirle cómo tiene que hacer su trabajo. De la misma manera que él le dijo a Ramos que no jugara a ser entrenador, un entrenador no puede jugar a ser árbitro. No debería. Y no se lo tendríamos que permitir desde ningún ámbito del deporte. Pero Teixeira recibe presión y se equivoca. Se equivoca para con el FCBarcelona, se equivoca para con el Real Madrid. Sabe que tiene las espaldas cubiertas por una parte porque Guardiola, esté de acuerdo o no, evita las polémicas con el arbitraje. En cambio, la presión y la tensión se podrá cortar con un cuchillo en el banquillo blanco. Un árbitro no puede pitar según las reglas establecidas en el fútbol, sino según las reglas establecidas en lo que rodea al fútbol.
Acabo de ver este vídeo de LaVanguardia, que ya titulan con una provocación: "El fútbol femenino también tiene a su Pepe". Si entráis en él, veréis que Elizabeth Lambert Wedding es todavías más dura que Pepe y Lass juntos, y más desvergonzada (y parecía imposible viendo a Pepe tirarse en su área entre Piqué y Puyol... ¿sabrá que pudimos comprobar todas sus travesuras del primer partido con una cámara hiperlenta y que, por tanto, lo íbamos a hacer de nuevo?). Desconozco la liga del fútbol mexicano femenino, lo que sí está claro es que un árbitro no puede permitir que en el terreno de juego se cometan tales agresiones. Un árbitro debería poder hacer su trabajo sin temor al qué dirán después, sin la presión de que un partido se decida según sus decisiones. Es así en muchos casos, pero un árbitro no puede cargar con ese peso los noventa minutos (que se alargan hasta la siguiente polémica). Si el Real Madrid hubiera hecho su trabajo en el partido de ida, no se habría visto obligado a buscar una coartada para el partido de vuelta. Sin embargo, es así: Teixeira, se dice, no podrá arbitrar más al Real Madrid hasta junio. ¿Podrá este árbitro hacer su trabajo de una manera objetiva la próxima vez que se encuentre con un partido como el del otro día? ¿Podemos permitir que tengan las mismas tarjetas amarillas Íker Casillas, Messi y Pepe? Un portero quejica, un delantero que se dedica a jugar y un defensa cuya mayor estrategia es intentar que el árbitro no le adivine las intenciones (intentó pisar a Dani Alves, con menos éxito). Yo creo que no.
Igual que el escritor deja en las entrelíneas señales y migas para que el lector le vaya siguiendo por un camino desconocido, una puertezuela secreta e íntima, en el fútbol que se juega en los Barça-Madrid acaba existiendo el entrefútbol: disputas, balones parados, jugadas sucias, polémicas, tensiones, faltas, protestas. Dejando que Pepe juegue el segundo partido porque a Messi no le han amputado los dedos y permitiendo que esté hasta casi el final del partido sin recibir ninguna tarjeta, dejando que Lass se quede en el terreno de juego después de una entrada como la que hizo y no constando en acta actitudes como las de Íker Casillas en el túnel de vestuarios, permitimos que esta jugadora sea noticia. ¿Es que alguien sabe cómo quedaron en el partido del New Mexico Lobos que aparece en el vídeo?

enero 22, 2012

Conversaciones sobre el futuro



Josep Guardiola y Fernando Trueba no han inventado nada cuando aseguran que ser director de cine o entrenador de fútbol es, también, tener maneras de manipulador positivo y psicólogo. Comentan en "Conversaciones sobre el futuro" que es el punto en común más claro entre las dos profesiones: ejercer de líder, sacar lo mejor de cada uno, explicar las cosas tal como uno las quiere para que no haya equívocos, para que todo ocurra según lo previsto. Para que las cosas salgan como las han proyectado en sus mentes no basta con ser perfeccionista: necesitan lo que siempre se ha entendido como don de gentes. Cada jugador y cada actor son diferentes, e insisten mucho en este punto. Cada uno es distinto, y por eso hay que tratar a cada uno de ellos acorde a sus necesidades, a sus virtudes, también a sus defectos. "Todos sois iguales para mí". No, no todos lo son y además no todos tienen que serlo, sin que eso sea negativo para el grupo. No significa que uno sea más o menos, sólo significa que hay que tratar a tus jugadores o actores teniendo en cuenta el perfil de cada uno. Los habrá que no soporten la presión, los habrá que sólo funcionen bajo sus efectos; los habrá que se motiven si les dices sus errores delante del grupo, los habrá que eso les mine la moral; los habrá que con una palmadita en la espalda baste, los habrá que una palmadita en la espalda les ofenda. Los habrá que necesitan una verdad a medias, y los habrá que con una mentira piadosa se vengan arriba. En cualquier caso, no han inventado nada y este aspecto no es sólo aplicable a los entrenadores de fútbol o a los directores de cine. La convivencia es caprichosa y perfecta en su forma como el mecanismo de un reloj: si falla una pieza, no se puede dar. Si además esta convivencia viene dada por una superioridad, porque tú eres el que manda y ellos te ven, en la pirámide, un escalón por encima, las buenas maneras y la generosidad deben estar todavía más latentes y presentes: fijas. De la misma manera que tratarías a tus hijos con el mismo afecto y respecto, pero conocedor de sus puntos débiles; cuando eres el líder de un grupo de jugadores, actores, de personas, tu papel es vital para que nadie se quede atrás, para que nadie se adelante: ni siquera tú, aunque estés por encima en la escala de poder.
Entonces, hay que encontrar en cada uno de ellos cuál es la manera. A unos -comenta Guardiola- habrá que invitarles fuera de las instalaciones de trabajo, a otro habrá que preguntarle sobre su tiempo libre, a otro no le podrás hablar de táctica ni del adversario. En fin, ser plenamente consciente de que además de jugadores de fútbol y actores de la gran o pequeña pantalla, traen a cuestas sus propias vidas insignificantes, tan parecidas -salvando distancias- a las nuestras. Y, como tal, para triunfar con un grupo de gente, sólo hay una manera: no todos son iguales, no todos tienen que ser iguales. Para conocerlos a todos y adecuar tus formas, tus estrategias de pequeño psicólogo, de descifra-rostros y de manipulador bonachón, tienes antes que tomarte la molestia de convivir con ellos, de prestar atención, de tratar emocionalmente todas esas carencias o excesos. Para eso necesitas algo más que saber cómo organizar un terreno de juego, contratar al mejor actor o tener el bolsillo dispuesto para lo que pidan las estrellas de cualquiera de los dos campos. Hace falta una intención.
Bojan, Ibrahimovic, Eto'o. Todos ellos no han contado con la misma amistad con Guardiola que Xavi, Messi o Puyol. Sin embargo, ante la prensa, en la Ciutat Esportiva y en los grandes momentos donde hay que demostrar el señorío, Pep ha sabido capotear con elegancia las críticas, la desestabilización mediática y los conflictos deportivos. En petit comité ya no sabemos qué pasa, aunque podemos intuir que, ante todo, habrá respeto. Guardiola no es un santo, no es perfecto ni tiene en su posesión la verdad absoluta, pero tiene otras tantas virtudes que hacen que la afición y su equipo de trabajo le admiren, y, lo más importante, se sientan orgullosos de él. Es muy fácil confiar en Guardiola. Muy fácil. A veces incluso uno necesita momentos como el puto amo para humanizarlo, necesita los golpes contra el banquillo, sus lágrimas en las celebraciones. Guardiola es como tú o como yo. Aun así, cuando se trata de defender a los suyos -porque atacarlos no entra jamás en sus planes-, se vuelve poderoso y nos deja ver ese lado menos profesional, más instintivo y animal: su imperfección salta todas las alarmas cuando uno de los suyos está en el punto de mira.
Messi ha tenido partidos en que ha pasado totalmente desapercibido. Villa ha tenido épocas en que parecía no adaptarse del todo a la forma de juego blaugrana. Xavi e Iniesta, que parecen de otro mundo por su habilidad y la regularidad con que nos ofrecen su buen hacer, también han tenido partidos más desafortunados. Aunque podemos presumir de defensa y portería, también hay errores salvables. Hemos perdido contra el Getafe, empatado contra el Osasuna, sufrido contra el Betis y el Espanyol (equipos supuestamente inferiores). Hemos empezado perdiendo en los clásicos. Y Guardiola no sólo no ha vendido a sus jugadores en la rueda de prensa, sino que ha sabido cómo alzar las virtudes y el mérito de sus contrincantes, ha defendido a los suyos y ha reconocido errores, comprometiéndose a solucionarlos. A veces incluso un poco demasiado modesto, Guardiola se ha reservado su opinión sobre algunas decisiones desaforables en el arbitraje. Ésta es la manera que ha encontrado el entrenador del Barça para comunicarse con los demás; de estar por encima, grande, y quedar a la altura de los demás, pequeño; de no dar una nota por encima de otra ni desafinar. De tener a su directiva, su equipo de apoyo, sus jugadores, su club y su afición, contentos. De representar unos colores y un sentimiento de una manera magistral, admirable. A juzgar por los resultados, funciona.
Hoy el madridismo se raja. Marca -al que sus propios lectores quieren boicotear- saca en portada una conversación entre Mourinho y Sergio Ramos, con Casillas de fondo; y todo parece apuntar a que en este equipo sí se tratan a todos igual, con el mismo rasero, sin adecuar las formas a las necesidades de los demás. El problema es que son todos iguales, y que además sólo pueden ser iguales en la rabia y la impotencia que les supone haber perdido contra el Barça una vez más, con un planteamiento cobarde. Mourinho no defiende a los suyos por encima de sí mismo. Habla de los padres de la victoria y del único padre de la derrota. La paternidad del mal ambiente que hay entre él y los suyos, sin duda, le pertenece. Hoy parece que los madridistas empiezan a despertar del sueño blando y dejan de justificar lo injustificable, dejan de dar coba a las excusas que su entrenador les brinda (es cierto, hay que ejercer de manipulador y psicólogo). Cuando vendes a uno de tus jugadores para justificar una derrota, no es en vano (entonces ni el arbitraje ni la suerte estarán de tu parte y serán una coartada amable). La crispación ha llegado hasta los medios de comunicación que le respaldan normalmente, hasta sus jugadores, hasta su afición. La directiva todavía le cubre, porque todavía confía en que desbanque a su gran rival. La soberbia y la agresividad con que trata Mourinho a los periodistas de las ruedas de prensa se parecen mucho a la que emplea para sus jugadores. Obedece a las reglas mismas que el FCBarcelona, pero totalmente opuestas (todos son iguales y todos deben ser tratados de la misma manera: mal). Y a juzgar por los resultados, no funciona.

enero 20, 2012

Joga bonito, o joga solamente

Leo Messi y Eric Abidal

Si pudiéramos exponer a la
luz
las miserias de las personas,
los errores,
las torpezas,
los crímenes,
nos encontraríamos
con la
penuria más absoluta,
la verdadera indignidad


DAVID TRUEBA

Cuando un jugador de tu plantilla comete un error (en este caso, una falta de respeto, una agresión y una demostración de poca profesionalidad), puedes hacer dos cosas: castigarle, para que no vuelva a hacerlo, o cubrirlo, para limpiar una imagen que tiene unas huellas ya imborrables, de ladronzuelo primerizo y torpe. En el caso de que hagas lo primero, bastará con una disculpa pública por parte del equipo y del jugador, y una rueda de prensa que justifique, mejor o peor, la acción. Cuando digo justificar no digo excusar. Me refiero a buscar los motivos por los que se ha cometido dicha acción, reflexionar acerca de ello y concienciarse de que ése no es el camino, por más que el dedo de Mourinho lo vaya marcando con poco acierto. Claro que si desde arriba la justicia es la ley del más fuerte, del que grita más alto y del que pisa, nunca mejor dicho, más fuerte, entonces sólo te queda volver a ridiculizar el escudo que paseas y te da de comer.
Cuando un jugador como Pepe, que ya fue sancionado por un acto violento, comete la imprudencia de pisar la mano de Messi con total voluntad (lo bueno de las cámaras hiperlentas es que te dejan ver cómo tantea con la bota y con intuición se deja caer hasta dos veces, calculando, hasta que acierta), sólo puedes pedirle que se disculpe ante Messi, ambas aficiones y el fútbol. Claro que detrás del niño malo de la clase está Guti jugando a ser twittero, enfrentándose a Rooney (que, como es normal, denunciaba en su cuenta la acción de Pepe) y diciendo que "Santos hay muchos, pero en el cielo"; está también su compañero Carvalho, que tampoco es que tenga un comportamiento ejemplar, que asegura en una rueda de prensa que "la intención de Pepe es jugar limpio"; está la voz de la junta del Real Madrid, que afirma de la mano de Butragueño que "lo de Pepe no es lo ideal, pero puede pasar", dándole carta blanca para futuras polémicas; en última instancia, están los aficionados irresponsables que no sólo justifican, sino que se vanaglorian de su jugador. Entonces, cuando le toca el turno a Pepe: qué puede hacer. Podría renunciar a las defensas de sus compañeros y decir que su actitud ha sido lamentable, grotesca y obscena. ¿Pero de qué le sirve venderlos, venderse a sí mismo y reconocer que pisó a Messi intencionadamente, que provocó la salida del balón en una jugada de ataque del FCBarcelona por una agresión en la cara que no fue tal y que en el terreno de juego es duro e injusto? Pepe asegura que "si Messi se siente ofendido, me disculpo. Ha sido un acto involuntario". Por otra parte, no basta con mentir; también, como los compañeros que han hablado antes que él, debe maquillar la acción. Y lo hace diciendo que lo único que pretende es "defender a mi equipo y a mi afición. Me entrego en cuerpo y alma, jamás se me pasa por la cabeza hacer daño a un compañero".
Me imagino que el club ya tendrá asesores de imagen y personas de confianza para recomendarles qué es lo mejor en cada caso, y supongo que el hecho de que todos le cubran la trastada forma parte de un despliegue supuestamente bondadoso del madridismo para no reconocer lo más importante: que se han equivocado individual y colectivamente. Le hacen un flaco favor al deporte en general y al joga bonito que nos cuelan los anuncios publicitarios (y si no lo haces bonito, joga al menos). No creo que el equipo ni la afición del Real Madrid vendan a un precio tan alto su imagen y sus colores, y supongo que esta manera de entregarse en cuerpo y alma de Pepe no le sirve absolutamente a nadie. Ni siquiera en los medios que suelen esconder la suciedad debajo de las alfombras madridistas le apoyan esta vez. El mundo del fútbol está harto de Pepe y de los que son como Pepe, pero el mundo del fútbol no tiene el mismo poder de convicción que el bolsillo que supone este espectáculo.
De todos modos, Pepe es ahora el malo de la película y eso ha provocado dos victorias que saben a mediocridad: que la acción de Conentrão no sea comentada y que la superioridad del Barça pase a un segundo plano. Pero a Messi, que es a quien le ha tocado recibir más dura y gratuitamente esta vez, siempre le queda la paciencia, la justicia futbolística... y un buen abrazo de Abidal.

enero 19, 2012

Momentos estelares de la humanidad

Stefan Zweig y su mujer

Alguien en el club debería entender
que esas mezquindades no hacen
sino abrillantar la virtud del Barcelona

JUANMA TRUEBA

Stefan Zweig escribió "Momentos estelares de la humanidad". Stefan Zweig se suicidó, junto a su mujer, por Europa. Así, empezando desde arriba con respecto a la literatura, hago lo mismo con el fútbol y me invento unos momentos estelares de la humanidad blaugrana y recojo los minutos más grandes que nos ha dado el FCBarcelona en el Bernabéu. Cierto es que estos momentos no estarían tan hinchados si el Real Madrid, Mourinho, Cristiano Ronaldo y el Tito Florentino no fueran quienes son e hicieran la grandeza del Barça todavía más inalcanzable. No hay buenos jugadores si no existen los malos, y la contraposición es tan grande que la bondad de Guardiola y los suyos parece exagerada, de la misma manera que la maldad de Mourinho y los suyos parece un esperpento, una parodia. En cualquier caso, la caricatura de los últimos clásicos me dan momentos estelares para los siguientes veinte años, que es lo que tardó Stefan Zweig en reunir todos los artículos que componen el libro. Y Pepe es, sin duda, el que más momentos estelares, por lo mediocres y primitivos, ha dado a la humanidad culer. Como dice Trueba, "emulando al toro Ratón, se pasó el partido con maldades que descubría al mundo la cámara ultralenta a 600 fotogramas por segundo". No necesita más jueces ni defensores que él mismo, así. A pesar de que le sacaron una amarilla al principio del partido, con dedo acusador incluido, con el mensaje claro "estás avisado, dedícate a jugar a fútbol que es a lo que hemos venido todos", Pepe se pasó los minutos que estuvo en el terreno de juego dejando en evidencia el escudo que luce en su pecho. De ahí, el primer momento estelar de la humanidad.

1. Ya en la rueda de prensa, Mourinho, gesto contraído, pose chulesca y actitud agresiva incluso para los súbditos que le dan las buenas noches y le llaman Míster con cierto orgullo, Sònia Gelmà, periodista de RAC1, le pregunta a Mou (después de que, igual que Guardiola, afirmara que no había visto esos momentos estelares de su jugador Pepe):
SÒNIA: Le voy a hablar de supuestos. Ya que usted dice que no ha visto lo que ha hecho Pepe en el campo, pongamos por caso que le ha pisado la mano a Messi. Si fuera así, ¿usted cree que es una actitud censurable?
MOURINHO guarda silencio mientras gana tiempo (todo lo contrario que en el campo).
Después de haber sido el traductor de Robson durante algunos años, del tiempo que lleva en España y de lo bien que se defiende, excusa y justifica ante las evidencias de estos partidos, de estos años, Mourinho hace una mueca y repite una palabra que parece no conocer: ¿censurable?
Sònia, por supuesto, no se contenta con esa respuesta (y la pregunta está formulada de una manera magistral: no hay escapatoria). Le explica lo que significa la palabra censurable, le pone ejemplos, le pregunta de qué manera -si lo creyera oportuno- cree que debería castigar (palabra que el portugués ya entiende) a un jugador de su equipo que cometiera esa imprudencia. Hablando, claro, de supuestos.

2. El siguiente momento estelar me lo da Pinto, el segundo portero del FCBarcelona. En realidad, me lo da el palo de su derecha de la portería. Me explico: durante los minutos en que no pasaban la repetición de la segunda (¿y última?) ocasión del Real Madrid, la de Benzema, parecía que Pinto había sacado una mano milagrosa (como la que Casillas iba a sacar más tarde) y había salvado el segundo gol en contra, provocando que todos los que desconfiamos de él, arrugáramos la nariz y reconociéramos que no lo hace tan mal. Esos minutos grandiosos y eternos en que el aficionado blaugrana se reconcilia con los pies de Pinto, con sus trenzas, con sus errores. De pronto, hay saque de puerta y no córner. ¿Qué ha pasado con la mano de Pinto? Ese momento estelar en el que el aficionado blaugrana reconoce en la repetición que la pelota se estampa contra el palo y va fuera.

3. Mourinho, el mismo que no sabe qué significa la palabra censurable, saca las uñas y, como gato panza arriba, se delata. Habla de su planteamiento del partido y utiliza las palabras: dejar que pase el tiempo. Cuando le preguntan si lo ha planteado como eliminatoria y no como partido, Mourinho deja claro que, todo lo contrario que el Betis, que salió ofensivo y valiente, el Real Madrid, el Real Madrid de Roncero que va de blanco y es Dios, pretende que pase el tiempo desde el minuto once de la primera parte. Por alguna razón que en la segunda parte solventan, Cristiano se quedaba solo (los riesgos de una defensa de tres, ADN Barça) por la banda y entraba con total libertad. En el minuto once, después de una contra, mete un gol que celebra como Roncero esperaría de él: creyendo que es un Dios, que es invencible (borrando de su mente las otras veces que ha provocado que su equipo jugara -sin contar expulsiones- con diez, por su inutilidad). Mourinho, entrenador de un equipo como el Real Madrid, habla de dejar que pase el tiempo en un clásico en su campo. Para mí, esto es un momento estelar para la humanidad. Me imagino que para cualquier merengue es una vergüenza y un motivo de decepción, pero de eso ya no me hago cargo. Después de que el juego del Madrid sea, en casa o en el Camp Nou, claramente de contrataque, balón parado y sin elaboración de jugada posible (la primera pelota que cae en las manos de Casillas se acaba colando en las manos de Pinto), su entrenador, que reconoce abiertamente que su planteamiento era de eliminatoria y de perder tiempo una vez se hayan adelantado en el marcador, no deja de repetir una y otra vez que no pueden permitir que les metan un gol de balón parado. Tal como dice Mourinho balón parado, cabría pensar que es un gol de segunda, digamos. Un gol que no merece mérito (como sí lo hace el de Abidal, por ejemplo), que está por debajo de un gol de esos que el Barça dibuja (de ahí los casi cuatrocientos pases buenos que le saca de ventaja al equipo blanco). Es decir, un equipo de la talla del Real Madrid, que juega a la contra, que sólo es ofensivo si el chute largo de Casillas va a parar a los pies de alguno de sus delanteros, un equipo así, que pierde tiempo, que no busca el segundo gol, un equipo, en definitiva, cobarde y con la moral comida por la virtud del Barça (brillante y ejemplar), que no es limpio, que no tiene táctica ni estrategia ni juego ni posesión, considera que un gol a balón parado es todo el problema, el único responsable de la derrota. A cambio, hace hincapié en las dos salidas que han tenido. Un gol de cabeza en un córner no es permisible, pero contar las salidas (que no las ocasiones, que no la jugada ofensiva: una salida; es decir, que Casillas dé un balonazo y Cristiano lo recoja) como si tuvieran gran mérito, eso es otro gran momento estelar de la humanidad.

4 y 5. Sin extenderme más, dos momentos estelares que van de la mano porque son igual de grandes: el primero, que un capitán como Carles Puyol marque en el Bernabéu; el segundo, que un jugador como Eric Abidal nos dé el gol definitivo para salir, una vez más, airosos del enfrentamiento contra el eterno rival. Un rival que se achica y se vuelve diminuto a los pies del Barça. Cuando se trata de fútbol y no de kárate, aquí sólo puede haber un ganador, y las estadísticas no fallan.