Leo Messi y Eric Abidal
Si pudiéramos exponer a la
luz las miserias de las personas,
los errores, las torpezas,
los crímenes, nos encontraríamos
con la penuria más absoluta,
la verdadera indignidad
DAVID TRUEBA
Cuando un jugador de tu plantilla comete un error (en este caso, una falta de respeto, una agresión y una demostración de poca profesionalidad), puedes hacer dos cosas: castigarle, para que no vuelva a hacerlo, o cubrirlo, para limpiar una imagen que tiene unas huellas ya imborrables, de ladronzuelo primerizo y torpe. En el caso de que hagas lo primero, bastará con una disculpa pública por parte del equipo y del jugador, y una rueda de prensa que justifique, mejor o peor, la acción. Cuando digo justificar no digo excusar. Me refiero a buscar los motivos por los que se ha cometido dicha acción, reflexionar acerca de ello y concienciarse de que ése no es el camino, por más que el dedo de Mourinho lo vaya marcando con poco acierto. Claro que si desde arriba la justicia es la ley del más fuerte, del que grita más alto y del que pisa, nunca mejor dicho, más fuerte, entonces sólo te queda volver a ridiculizar el escudo que paseas y te da de comer.
Cuando un jugador como Pepe, que ya fue sancionado por un acto violento, comete la imprudencia de pisar la mano de Messi con total voluntad (lo bueno de las cámaras hiperlentas es que te dejan ver cómo tantea con la bota y con intuición se deja caer hasta dos veces, calculando, hasta que acierta), sólo puedes pedirle que se disculpe ante Messi, ambas aficiones y el fútbol. Claro que detrás del niño malo de la clase está Guti jugando a ser twittero, enfrentándose a Rooney (que, como es normal, denunciaba en su cuenta la acción de Pepe) y diciendo que "Santos hay muchos, pero en el cielo"; está también su compañero Carvalho, que tampoco es que tenga un comportamiento ejemplar, que asegura en una rueda de prensa que "la intención de Pepe es jugar limpio"; está la voz de la junta del Real Madrid, que afirma de la mano de Butragueño que "lo de Pepe no es lo ideal, pero puede pasar", dándole carta blanca para futuras polémicas; en última instancia, están los aficionados irresponsables que no sólo justifican, sino que se vanaglorian de su jugador. Entonces, cuando le toca el turno a Pepe: qué puede hacer. Podría renunciar a las defensas de sus compañeros y decir que su actitud ha sido lamentable, grotesca y obscena. ¿Pero de qué le sirve venderlos, venderse a sí mismo y reconocer que pisó a Messi intencionadamente, que provocó la salida del balón en una jugada de ataque del FCBarcelona por una agresión en la cara que no fue tal y que en el terreno de juego es duro e injusto? Pepe asegura que "si Messi se siente ofendido, me disculpo. Ha sido un acto involuntario". Por otra parte, no basta con mentir; también, como los compañeros que han hablado antes que él, debe maquillar la acción. Y lo hace diciendo que lo único que pretende es "defender a mi equipo y a mi afición. Me entrego en cuerpo y alma, jamás se me pasa por la cabeza hacer daño a un compañero".
Me imagino que el club ya tendrá asesores de imagen y personas de confianza para recomendarles qué es lo mejor en cada caso, y supongo que el hecho de que todos le cubran la trastada forma parte de un despliegue supuestamente bondadoso del madridismo para no reconocer lo más importante: que se han equivocado individual y colectivamente. Le hacen un flaco favor al deporte en general y al joga bonito que nos cuelan los anuncios publicitarios (y si no lo haces bonito, joga al menos). No creo que el equipo ni la afición del Real Madrid vendan a un precio tan alto su imagen y sus colores, y supongo que esta manera de entregarse en cuerpo y alma de Pepe no le sirve absolutamente a nadie. Ni siquiera en los medios que suelen esconder la suciedad debajo de las alfombras madridistas le apoyan esta vez. El mundo del fútbol está harto de Pepe y de los que son como Pepe, pero el mundo del fútbol no tiene el mismo poder de convicción que el bolsillo que supone este espectáculo.
De todos modos, Pepe es ahora el malo de la película y eso ha provocado dos victorias que saben a mediocridad: que la acción de Conentrão no sea comentada y que la superioridad del Barça pase a un segundo plano. Pero a Messi, que es a quien le ha tocado recibir más dura y gratuitamente esta vez, siempre le queda la paciencia, la justicia futbolística... y un buen abrazo de Abidal.

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