enero 19, 2012

Momentos estelares de la humanidad

Stefan Zweig y su mujer

Alguien en el club debería entender
que esas mezquindades no hacen
sino abrillantar la virtud del Barcelona

JUANMA TRUEBA

Stefan Zweig escribió "Momentos estelares de la humanidad". Stefan Zweig se suicidó, junto a su mujer, por Europa. Así, empezando desde arriba con respecto a la literatura, hago lo mismo con el fútbol y me invento unos momentos estelares de la humanidad blaugrana y recojo los minutos más grandes que nos ha dado el FCBarcelona en el Bernabéu. Cierto es que estos momentos no estarían tan hinchados si el Real Madrid, Mourinho, Cristiano Ronaldo y el Tito Florentino no fueran quienes son e hicieran la grandeza del Barça todavía más inalcanzable. No hay buenos jugadores si no existen los malos, y la contraposición es tan grande que la bondad de Guardiola y los suyos parece exagerada, de la misma manera que la maldad de Mourinho y los suyos parece un esperpento, una parodia. En cualquier caso, la caricatura de los últimos clásicos me dan momentos estelares para los siguientes veinte años, que es lo que tardó Stefan Zweig en reunir todos los artículos que componen el libro. Y Pepe es, sin duda, el que más momentos estelares, por lo mediocres y primitivos, ha dado a la humanidad culer. Como dice Trueba, "emulando al toro Ratón, se pasó el partido con maldades que descubría al mundo la cámara ultralenta a 600 fotogramas por segundo". No necesita más jueces ni defensores que él mismo, así. A pesar de que le sacaron una amarilla al principio del partido, con dedo acusador incluido, con el mensaje claro "estás avisado, dedícate a jugar a fútbol que es a lo que hemos venido todos", Pepe se pasó los minutos que estuvo en el terreno de juego dejando en evidencia el escudo que luce en su pecho. De ahí, el primer momento estelar de la humanidad.

1. Ya en la rueda de prensa, Mourinho, gesto contraído, pose chulesca y actitud agresiva incluso para los súbditos que le dan las buenas noches y le llaman Míster con cierto orgullo, Sònia Gelmà, periodista de RAC1, le pregunta a Mou (después de que, igual que Guardiola, afirmara que no había visto esos momentos estelares de su jugador Pepe):
SÒNIA: Le voy a hablar de supuestos. Ya que usted dice que no ha visto lo que ha hecho Pepe en el campo, pongamos por caso que le ha pisado la mano a Messi. Si fuera así, ¿usted cree que es una actitud censurable?
MOURINHO guarda silencio mientras gana tiempo (todo lo contrario que en el campo).
Después de haber sido el traductor de Robson durante algunos años, del tiempo que lleva en España y de lo bien que se defiende, excusa y justifica ante las evidencias de estos partidos, de estos años, Mourinho hace una mueca y repite una palabra que parece no conocer: ¿censurable?
Sònia, por supuesto, no se contenta con esa respuesta (y la pregunta está formulada de una manera magistral: no hay escapatoria). Le explica lo que significa la palabra censurable, le pone ejemplos, le pregunta de qué manera -si lo creyera oportuno- cree que debería castigar (palabra que el portugués ya entiende) a un jugador de su equipo que cometiera esa imprudencia. Hablando, claro, de supuestos.

2. El siguiente momento estelar me lo da Pinto, el segundo portero del FCBarcelona. En realidad, me lo da el palo de su derecha de la portería. Me explico: durante los minutos en que no pasaban la repetición de la segunda (¿y última?) ocasión del Real Madrid, la de Benzema, parecía que Pinto había sacado una mano milagrosa (como la que Casillas iba a sacar más tarde) y había salvado el segundo gol en contra, provocando que todos los que desconfiamos de él, arrugáramos la nariz y reconociéramos que no lo hace tan mal. Esos minutos grandiosos y eternos en que el aficionado blaugrana se reconcilia con los pies de Pinto, con sus trenzas, con sus errores. De pronto, hay saque de puerta y no córner. ¿Qué ha pasado con la mano de Pinto? Ese momento estelar en el que el aficionado blaugrana reconoce en la repetición que la pelota se estampa contra el palo y va fuera.

3. Mourinho, el mismo que no sabe qué significa la palabra censurable, saca las uñas y, como gato panza arriba, se delata. Habla de su planteamiento del partido y utiliza las palabras: dejar que pase el tiempo. Cuando le preguntan si lo ha planteado como eliminatoria y no como partido, Mourinho deja claro que, todo lo contrario que el Betis, que salió ofensivo y valiente, el Real Madrid, el Real Madrid de Roncero que va de blanco y es Dios, pretende que pase el tiempo desde el minuto once de la primera parte. Por alguna razón que en la segunda parte solventan, Cristiano se quedaba solo (los riesgos de una defensa de tres, ADN Barça) por la banda y entraba con total libertad. En el minuto once, después de una contra, mete un gol que celebra como Roncero esperaría de él: creyendo que es un Dios, que es invencible (borrando de su mente las otras veces que ha provocado que su equipo jugara -sin contar expulsiones- con diez, por su inutilidad). Mourinho, entrenador de un equipo como el Real Madrid, habla de dejar que pase el tiempo en un clásico en su campo. Para mí, esto es un momento estelar para la humanidad. Me imagino que para cualquier merengue es una vergüenza y un motivo de decepción, pero de eso ya no me hago cargo. Después de que el juego del Madrid sea, en casa o en el Camp Nou, claramente de contrataque, balón parado y sin elaboración de jugada posible (la primera pelota que cae en las manos de Casillas se acaba colando en las manos de Pinto), su entrenador, que reconoce abiertamente que su planteamiento era de eliminatoria y de perder tiempo una vez se hayan adelantado en el marcador, no deja de repetir una y otra vez que no pueden permitir que les metan un gol de balón parado. Tal como dice Mourinho balón parado, cabría pensar que es un gol de segunda, digamos. Un gol que no merece mérito (como sí lo hace el de Abidal, por ejemplo), que está por debajo de un gol de esos que el Barça dibuja (de ahí los casi cuatrocientos pases buenos que le saca de ventaja al equipo blanco). Es decir, un equipo de la talla del Real Madrid, que juega a la contra, que sólo es ofensivo si el chute largo de Casillas va a parar a los pies de alguno de sus delanteros, un equipo así, que pierde tiempo, que no busca el segundo gol, un equipo, en definitiva, cobarde y con la moral comida por la virtud del Barça (brillante y ejemplar), que no es limpio, que no tiene táctica ni estrategia ni juego ni posesión, considera que un gol a balón parado es todo el problema, el único responsable de la derrota. A cambio, hace hincapié en las dos salidas que han tenido. Un gol de cabeza en un córner no es permisible, pero contar las salidas (que no las ocasiones, que no la jugada ofensiva: una salida; es decir, que Casillas dé un balonazo y Cristiano lo recoja) como si tuvieran gran mérito, eso es otro gran momento estelar de la humanidad.

4 y 5. Sin extenderme más, dos momentos estelares que van de la mano porque son igual de grandes: el primero, que un capitán como Carles Puyol marque en el Bernabéu; el segundo, que un jugador como Eric Abidal nos dé el gol definitivo para salir, una vez más, airosos del enfrentamiento contra el eterno rival. Un rival que se achica y se vuelve diminuto a los pies del Barça. Cuando se trata de fútbol y no de kárate, aquí sólo puede haber un ganador, y las estadísticas no fallan.

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