Imagen: Jorque QuiñoaNormalmente el intelectual debe justificarse ante según qué debilidades que practica. Por eso, cuando un escritor -o algún personaje relacionado con la cultura- habla de fútbol, los que no son aficionados del deporte rey quedan decepcionados y los que compartimos esa misma dualidad quedamos satisfechos. Cada vez más, con la figura de escritores como Sergi Pàmies, Javier Marías (del que hablé a propósito de su artículo en El País) o Enrique Vila-Matas (que aparece entrevistado en el último número de Panenka), el lado oscuro de muchos escritores queda al descubierto con cierto orgullo. Sin embargo, todavía hay un largo camino por recorrer (de la misma manera que el papel de la mujer como comentarista, reportera o periodista deportiva está dándose poco a poco). El fuera de juego del fútbol -quiero decir literalmente, lo que hay fuera del terreno de juego- cada vez más pertenece a diferentes mundos. Ya no sólo hablan de fútbol los futbolistas o los entendidos, sino que la palabra y la pelota son los diferentes vehículos que se utilizan para este deporte de masas. Aun así, uno tiene la sensación de que si pertenece al mundo de los artistas, debe pedir permiso y disculpas para hablar y apasionarse con el fútbol. Por eso quedamos reconciliados con artículos como el de Rubén Uría o Paula Corroto, o con libros como "Quan no perdíem mai", en el que escriben relatos escritores como Juan Bonilla, Juan Cruz, Pedro Zarraluqui o Juan Villoro.
Toda esta explicación, incluida la cita de la entrada anterior de Dante Panzeni, es para darle el peso, el valor y la importancia que tiene un magazine cultural como Jot Down, en el que música, literatura, deportes, televisión y cine tienen cabida de una manera equitativa. Cuando Dante Panzeni empieza diciendo que «asociar fútbol a las letras y las artes puede ser irrespetuoso», está obedeciendo a esa ley estúpida de la que hablaba al principio: el fútbol es para los futbolistas o para los que laboralmente están sujetos al deporte. En Jot Down, que se definen como culturales, conviven fútbol, boxeo, tenis y otros deportes más minoritarios como ajedrez o alpinismo, con literatura, política, opinión y actualidad. Fiables y amplios como un periódico digital, pero con el mimo y el cuidado de una revista online o un magazine moderno y acorde con las necesidades de sus lectores, Jot Down ofrece un abanico enorme de temas interesantes que, además, están escritos con elegancia y criterio. La combinación sólo puede traer buenos resultados.
Así, he caído en sus entrevistas una y otra vez, que son largas y sorprendentes, y que me mantienen expectante incluso cuando el entrevistado no era, a priori, digno de mi atención. No es el caso de Jordi Évole, que ya conscientemente he ido a buscar: si la política de Salvados se une a la política de Jot Down, el resultado no podía ser malo. En la primera parte de la entrevista, el tema gira en torno a su papel follonerístico de su programa en LaSexta. Hay política, humor y crítica social. Pero hay otra vertiente de Jordi Évole que me interesa, y es su admiración -como culer- al FCBarcelona. No sólo me divierte cuando escribe columnas en MundoDeportivo, sino que tiene una visión pasional de unos colores que comparto. Por tanto, de la misma manera que vi con atención el programa que le dedicó a la Fundación Qatar, he leído las preguntas que Ricardo J. G. le hace sobre fútbol y lo que hay en el fuera de juego.
Reconocido abiertamente por él y por muchos, el mundo del fútbol necesita una figura como la de Mourinho para que la prensa más rosa y deportiva se nutra de sus provocaciones, para la diversión. Pero Jordi Évole, a pesar de su lado Follonero, dice algo que me parece importante y que da espaldazo a las mourinhadas. Hablando de la contraposición que le hace Josep Guardiola a Mou en cuanto a maneras -futbolísticas y personales-, se comenta que, de un tiempo a esta parte, la modestia, el respeto y la bondad de Pep está siendo criticada. La sociedad está tan acostumbrada a lo burdo, y lo mediático suele ser tan repugnante, que ahora nos cuesta asumir que las buenas formas del entrenador del Barça sean tan universales y válidas como las de cualquier bufón. Pero hay algo que todo el mundo pasa por alto cuando acusa a Guardiola de falsa modestia y que Jordi Évole ha razonado inteligentemente: si es falsa modestia, ¿qué? Dice, y yo también lo digo, que prefiere ese mear colonia de Pep que la acritud de Mou. «No tengo claro que sea falsa modestia. Yo creo que puede que Guardiola sea así. Y si está haciendo un personaje —aunque ya digo que no lo creo— bienvenido sea ese personaje. Sobre todo porque el fútbol es algo que llega muy fácilmente a los críos; yo tengo un chaval de cinco años y reconoce perfectamente a Guardiola, a Messi o a Puyol, y hay que tener cuidado con los referentes que puedan tener». Es una cuestión de prioridades, pues. Muchos son los que justifican a Mourinho diciendo que lo suyo es un papel. En el caso -poco probable, por otra parte- de que la figura de Pep Guardiola también fuera un papel, una exageración y puro teatro mediático, ¿qué problema habría, no sería lícito?
Toda esta explicación, incluida la cita de la entrada anterior de Dante Panzeni, es para darle el peso, el valor y la importancia que tiene un magazine cultural como Jot Down, en el que música, literatura, deportes, televisión y cine tienen cabida de una manera equitativa. Cuando Dante Panzeni empieza diciendo que «asociar fútbol a las letras y las artes puede ser irrespetuoso», está obedeciendo a esa ley estúpida de la que hablaba al principio: el fútbol es para los futbolistas o para los que laboralmente están sujetos al deporte. En Jot Down, que se definen como culturales, conviven fútbol, boxeo, tenis y otros deportes más minoritarios como ajedrez o alpinismo, con literatura, política, opinión y actualidad. Fiables y amplios como un periódico digital, pero con el mimo y el cuidado de una revista online o un magazine moderno y acorde con las necesidades de sus lectores, Jot Down ofrece un abanico enorme de temas interesantes que, además, están escritos con elegancia y criterio. La combinación sólo puede traer buenos resultados.
Así, he caído en sus entrevistas una y otra vez, que son largas y sorprendentes, y que me mantienen expectante incluso cuando el entrevistado no era, a priori, digno de mi atención. No es el caso de Jordi Évole, que ya conscientemente he ido a buscar: si la política de Salvados se une a la política de Jot Down, el resultado no podía ser malo. En la primera parte de la entrevista, el tema gira en torno a su papel follonerístico de su programa en LaSexta. Hay política, humor y crítica social. Pero hay otra vertiente de Jordi Évole que me interesa, y es su admiración -como culer- al FCBarcelona. No sólo me divierte cuando escribe columnas en MundoDeportivo, sino que tiene una visión pasional de unos colores que comparto. Por tanto, de la misma manera que vi con atención el programa que le dedicó a la Fundación Qatar, he leído las preguntas que Ricardo J. G. le hace sobre fútbol y lo que hay en el fuera de juego.
Reconocido abiertamente por él y por muchos, el mundo del fútbol necesita una figura como la de Mourinho para que la prensa más rosa y deportiva se nutra de sus provocaciones, para la diversión. Pero Jordi Évole, a pesar de su lado Follonero, dice algo que me parece importante y que da espaldazo a las mourinhadas. Hablando de la contraposición que le hace Josep Guardiola a Mou en cuanto a maneras -futbolísticas y personales-, se comenta que, de un tiempo a esta parte, la modestia, el respeto y la bondad de Pep está siendo criticada. La sociedad está tan acostumbrada a lo burdo, y lo mediático suele ser tan repugnante, que ahora nos cuesta asumir que las buenas formas del entrenador del Barça sean tan universales y válidas como las de cualquier bufón. Pero hay algo que todo el mundo pasa por alto cuando acusa a Guardiola de falsa modestia y que Jordi Évole ha razonado inteligentemente: si es falsa modestia, ¿qué? Dice, y yo también lo digo, que prefiere ese mear colonia de Pep que la acritud de Mou. «No tengo claro que sea falsa modestia. Yo creo que puede que Guardiola sea así. Y si está haciendo un personaje —aunque ya digo que no lo creo— bienvenido sea ese personaje. Sobre todo porque el fútbol es algo que llega muy fácilmente a los críos; yo tengo un chaval de cinco años y reconoce perfectamente a Guardiola, a Messi o a Puyol, y hay que tener cuidado con los referentes que puedan tener». Es una cuestión de prioridades, pues. Muchos son los que justifican a Mourinho diciendo que lo suyo es un papel. En el caso -poco probable, por otra parte- de que la figura de Pep Guardiola también fuera un papel, una exageración y puro teatro mediático, ¿qué problema habría, no sería lícito?


