febrero 15, 2012

Fuera de juego

Imagen: Jorque Quiñoa

Normalmente el intelectual debe justificarse ante según qué debilidades que practica. Por eso, cuando un escritor -o algún personaje relacionado con la cultura- habla de fútbol, los que no son aficionados del deporte rey quedan decepcionados y los que compartimos esa misma dualidad quedamos satisfechos. Cada vez más, con la figura de escritores como Sergi Pàmies, Javier Marías (del que hablé a propósito de su artículo en El País) o Enrique Vila-Matas (que aparece entrevistado en el último número de Panenka), el lado oscuro de muchos escritores queda al descubierto con cierto orgullo. Sin embargo, todavía hay un largo camino por recorrer (de la misma manera que el papel de la mujer como comentarista, reportera o periodista deportiva está dándose poco a poco). El fuera de juego del fútbol -quiero decir literalmente, lo que hay fuera del terreno de juego- cada vez más pertenece a diferentes mundos. Ya no sólo hablan de fútbol los futbolistas o los entendidos, sino que la palabra y la pelota son los diferentes vehículos que se utilizan para este deporte de masas. Aun así, uno tiene la sensación de que si pertenece al mundo de los artistas, debe pedir permiso y disculpas para hablar y apasionarse con el fútbol. Por eso quedamos reconciliados con artículos como el de Rubén Uría o Paula Corroto, o con libros como "Quan no perdíem mai", en el que escriben relatos escritores como Juan Bonilla, Juan Cruz, Pedro Zarraluqui o Juan Villoro.
Toda esta explicación, incluida la cita de la entrada anterior de Dante Panzeni, es para darle el peso, el valor y la importancia que tiene un magazine cultural como Jot Down, en el que música, literatura, deportes, televisión y cine tienen cabida de una manera equitativa. Cuando Dante Panzeni empieza diciendo que «asociar fútbol a las letras y las artes puede ser irrespetuoso», está obedeciendo a esa ley estúpida de la que hablaba al principio: el fútbol es para los futbolistas o para los que laboralmente están sujetos al deporte. En Jot Down, que se definen como culturales, conviven fútbol, boxeo, tenis y otros deportes más minoritarios como ajedrez o alpinismo, con literatura, política, opinión y actualidad. Fiables y amplios como un periódico digital, pero con el mimo y el cuidado de una revista online o un magazine moderno y acorde con las necesidades de sus lectores, Jot Down ofrece un abanico enorme de temas interesantes que, además, están escritos con elegancia y criterio. La combinación sólo puede traer buenos resultados.
Así, he caído en sus entrevistas una y otra vez, que son largas y sorprendentes, y que me mantienen expectante incluso cuando el entrevistado no era, a priori, digno de mi atención. No es el caso de Jordi Évole, que ya conscientemente he ido a buscar: si la política de Salvados se une a la política de Jot Down, el resultado no podía ser malo. En la primera parte de la entrevista, el tema gira en torno a su papel follonerístico de su programa en LaSexta. Hay política, humor y crítica social. Pero hay otra vertiente de Jordi Évole que me interesa, y es su admiración -como culer- al FCBarcelona. No sólo me divierte cuando escribe columnas en MundoDeportivo, sino que tiene una visión pasional de unos colores que comparto. Por tanto, de la misma manera que vi con atención el programa que le dedicó a la Fundación Qatar, he leído las preguntas que Ricardo J. G. le hace sobre fútbol y lo que hay en el fuera de juego.
Reconocido abiertamente por él y por muchos, el mundo del fútbol necesita una figura como la de Mourinho para que la prensa más rosa y deportiva se nutra de sus provocaciones, para la diversión. Pero Jordi Évole, a pesar de su lado Follonero, dice algo que me parece importante y que da espaldazo a las mourinhadas. Hablando de la contraposición que le hace Josep Guardiola a Mou en cuanto a maneras -futbolísticas y personales-, se comenta que, de un tiempo a esta parte, la modestia, el respeto y la bondad de Pep está siendo criticada. La sociedad está tan acostumbrada a lo burdo, y lo mediático suele ser tan repugnante, que ahora nos cuesta asumir que las buenas formas del entrenador del Barça sean tan universales y válidas como las de cualquier bufón. Pero hay algo que todo el mundo pasa por alto cuando acusa a Guardiola de falsa modestia y que Jordi Évole ha razonado inteligentemente: si es falsa modestia, ¿qué? Dice, y yo también lo digo, que prefiere ese mear colonia de Pep que la acritud de Mou. «No tengo claro que sea falsa modestia. Yo creo que puede que Guardiola sea así. Y si está haciendo un personaje —aunque ya digo que no lo creo— bienvenido sea ese personaje. Sobre todo porque el fútbol es algo que llega muy fácilmente a los críos; yo tengo un chaval de cinco años y reconoce perfectamente a Guardiola, a Messi o a Puyol, y hay que tener cuidado con los referentes que puedan tener». Es una cuestión de prioridades, pues. Muchos son los que justifican a Mourinho diciendo que lo suyo es un papel. En el caso -poco probable, por otra parte- de que la figura de Pep Guardiola también fuera un papel, una exageración y puro teatro mediático, ¿qué problema habría, no sería lícito?

febrero 14, 2012

Dinámica de lo impensado


Asociar el fútbol a las letras y las artes puede parecer irrespetuoso, pero, operando siempre sobre el supuesto de que fútbol y deporte son integrantes del hombre lúdico que juega cuando cultiva su intelecto en aquello que le divierte, la asociación de fútbol y humanismo intelectual no parece tan disparatada.


DANTE PANZERI

febrero 05, 2012

La importancia del plural


Javier Marías no es el primer ni el último madridista que neutraliza su forofismo, pasión y afición al fútbol y a su equipo. Hace ya algún tiempo que muchos seguidores del Real Madrid eran capaces de valorar positivamente el juego del Barça (sobre todo cuando éste vestía La Roja) pero todavía conservaban intacta la admiración a su equipo. Hace menos que los madridistas, además de reconocer la superioridad del FCBarcelona (ya no sólo sobre ellos, sino sobre el resto de equipos) renuncian a lo que representan ahora sus colores. Renuncian, al menos, momentáneamente, hasta que Mourinho deje de ser el entrenador, Florentino un presidente a la disposición de éste y Cristiano Ronaldo la imagen que más países recorre con su escudo. Javier Marías (escritor) habla en El País de cómo M. y F. le han quitado del fútbol, de cómo su pareja y él ya no están tensos en los clásicos (ella, barcelonesa y culer), de cómo ya no se concentra.
De todo el artículo, que me parece objetivo, crítico y serio, hay una parte que es esencial para entender el deterioramiento de los últimos tiempos del madridismo. Mourinho, lo habrán notado, habla sólo en primera persona de singular. Dice Javier Marías, y tiene razón, que a Mourinho lo único que le importa es su palmarés y los equipos son meros soportes suyos. Recuerdo que mi entrenador de natación siempre daba las instrucciones en plural, y a mí los primeros días me sorprendía y hasta me causaba bastante gracia. "Haremos diez series de cien", decía. Y a mí, cuando estaba exhausta después de hora y media de entreno, me parecía una broma de mal gusto. Sin embargo, era importante hacerlo así. El entrenador formaba parte de cada una de mis brazadas, y sin su visión objetiva, crítica y seria sobre el trabajo que yo hacía en el agua, no avanzaría. Además de ser muy sacrificado, el deporte de la natación es individual, nada que ver con la colectividad de un equipo de fútbol. Bien, pues Mourinho habla en singular en todas sus comparecencias, y al único que defiende de los ataques de la prensa es a sí mismo.
Hay muchas cosas que diferencian al FCBarcelona del resto de equipos, pero una está por encima de todas y es origen de las demás: que todos son culers. Así, de la misma manera que nosotros desde casa comentamos las jugadas, los resultados y los momentos débiles en plural; Guardiola también lo hace, Xavi también lo hace, Puyol también lo hace, Tello también lo hace, Valdés también lo hace, Tito también lo hace. Si mañana cualquiera de ellos juega o entrena cualquier otro equipo, seguirán siendo culers, seguirán hablando en plural cuando vean los partidos del Barça, seguirán pidiendo la hora cuando vayamos apurados (como ayer), seguirán saltando de sus banquillos/sillas/sofás cuando Messi se acerque al área. Seguirán mimando a sus jugadores desde la grada cuando fallen y no estén tan finos como nos acostumbran (como ayer). Seguirán siendo socios, seguidores, sang blaugrana. Hablarán de su equipo y besarán su escudo cada vez que tengan oportunidad.
Ser del Barça significa ser una familia, y el hogar es La Masia. Por eso cuando vemos a Guardiola gritando y celebrando el gol de Puyol contra el València el otro día, todos asentimos. Por eso cuando vemos jugar a los pequeños, soñamos. No hay tanta diferencia entre lo que sienten desde dentro del equipo y lo que nosotros sentimos. Por eso nos representan, porque son gent del Barça y uno tiene la seguridad de que buscan lo mismo que nosotros. Tenemos la confianza en ellos porque no hace tanto estaban del otro lado, de nuestro lado.
Muchos equipos pequeños comparten con nosotros este sentimiento. No importa que pierdan, que estén en zona de peligro, que se jueguen en cada partido permanecer en Primera División. No importa el frío ni el calor. Son seguidores, son amantes de sus colores. Hablan en plural. No tienen un distinto padre para la derrota y la victoria, siempre es un nosotros. El FCBarcelona mantiene ese espíritu, y además es un gran equipo de fútbol. La combinación es difícil, pero como no depende sólo de unos cuantos, sino de todos, funciona.

febrero 01, 2012

Maggie: literaria y futbolera

Desde la editorial Alpha Decay nos han pedido que saquemos a pasear a Maggie, que parece que estaba algo aislada y triste en su jardín. Gracias a Sergi Bellver, Maggie nos demuestra que, si vistes la camiseta del Real Madrid, acabas pisando lo que no debes... aunque, como Pepe, seas una niñita agradable y encantadora. Todos podéis ver cómo adelanta su pie izquierdo: no hase falta que dises nada más.